Discursos de la identidad

Parte I

En la crítica de la cultura latinoamericana podemos identificar varia líneas conceptuales. La primera es aquella que identifica a la cultura como un producto íntimamente ligada al desarrollo histórico, sociológico y político en uno de los sentidos más tradicionales y frontales. Es decir, los productos culturales que han de ser analizados son los que cuestionen la “latinoamericanidad” y reflejen los momentos históricos que convencionalmente marcan aquello que ‘determina’ lo latino-hispanoamericano: La Conquista, los movimientos de independencia y las revoluciones sociales…    

Otra de las líneas temáticas es el conflicto entre lo ‘autóctono-natural’ frente a las influencias extranjeras, la mayoría de ellas europeas y estadounidenses. Varios de estos autores discuten la relación, dependencia, imitación, influencia o como se le quiera llamar entre Latinoamérica y Europa, y en un momento posterior en la Historia EEUU.

Algunos de los discursos culturales tienden a posicionarse geográficamente para proponer ciertos lugares como ejemplos o síntesis de las interacciones histórico-político-sociológicas. Así por ejemplo encontramos principalmente al Caribe, las grandes urbes latinoamericanas, los Andes, Chile, como ejemplo del devenir histórico.

Otro de los discursos culturales latinoamericanos es ver a Latinoamérica como producto del mestizaje en todas sus formas y derivaciones: mestizaje, transculturación, aculturación, hibrides, contrapunteo, etc.

 Así mismo también hay cierta hegemonía de la literatura como discurso culturizante o como la epítome o el medio para transmitir y reflejar ‘lo cultural’.

Las formas de los discursos van desde la oratoria clásica, el ensayo libre, la dialéctica antropológico-económica, el discurso academicista, reaccionario, historicista y otros. También encontramos una relación entre las formas y las intenciones de dichos discursos también varían dependiendo el momento histórico y el posicionamiento político-‘cultural’ del autor. Tenemos desde la prosa poética del ensayo modernista libre de Martí que invita a la lucha revolucionaria, a la autocrítica, la creación y la autonomía, hasta el discurso academicista de Canclini.

 Parte II

Rodó destaca la ‘herencia’ griega y el catolicismo como los pilares de la civilización. La crítica a Rodó es su lectura tradicionalista-europeizante idealizada de la ‘civilización clásica”. Usa las formas de la oratoria clásica para proponer un discurso intelectualista-paternalista, donde el ‘hombre ilustrado’ guía* sobretodo a la juventud latinoamericana hacia esta herencia clásica.

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Aproximación etimológico-gramatical al Grupo de Estudios Subalternos Latinoamericanos

Parte I

Ante un texto como el “Manifiesto del Grupo de Estudios Subalternos Latinoamericanos”, consideramos que una aproximación etimológica, para descomponer los conceptos claves desde sus posibles raíces, y gramatical, al estudiar las interacciones de dichos conceptos dentro de un discurso, quizás nos permita aproximarnos de una forma cautelosa al laberinto epistemológico de dicho grupo.

Cultura: Dicho término puede provenir del prefijo griego kol (col-) que significa podar, y del que deviene el verbo latino colere, cultivar. Entonces, desde esta primera aproximación etimológica, ‘cultura’ remite más a la idea de recoger el producto que de sembrarlo. Así mismo, cultura es un concepto de una gran carga social, colectiva y telúrica. En el texto analizado una vez más cultura es la recolección de los frutos de las insurrecciones políticas y sociales. Estos intelectuales “podan” el suceso histórico y estudian sus consecuencias principalmente. Así se dan como hechos las “independencias” en el siglo XIX, la Revolución Mexicana, la Revolución Cubana, “La Nueva Izquierda en Los Estados Unidos, la Revolución Nicaragüense, los posestructuralismos, posmarxismos, posmodernismos entre otros, al posesionarse al fin de dichos eventos históricos e ideológicos. La cultura desde esta perspectiva no es una manifestación individualista, metafísica o abstracta, sino histórica, social, política y geográfica.  

Subalterno: Del prefijo latino sub- (por debajo), la raíz alter (otro) y el sufijo -ernus (demarcador temporal) o del sufijo aumentativo ous. Así ‘subalterno’ es el otro por debajo temporalmente ( si atendemos el primer sufijo), o el otro MUY por debajo (si atendemos al segundo sufijo), una tercera posibilidad integradora propondría: “El otro muy por debajo temporalmente”. Subalternidad remite a la idea de otredad que siempre es producto de la mirada enunciativa desde la distancia por un sujeto* externo y por lógica establece una dicotomía. Cabe mencionar que el sufijo sub- remite más a la idea de posicionamiento que a las cuestiones axiológicas.

Pueblo:

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Destrucción, reconstrucción y deconstrucción

Nelly Richard en el apartado tercero de su obra “La insubordinación de los signos” comienza haciendo un recorrido por el ambiente socio-cultural del período del gobierno militar chileno, estableciendo las esferas culturales que se desprenden de dicho acontecimientos socio-político. La división entre gobierno militar y ‘la oposición’ crea dos polos que repercuten en el devenir cultural. “El polo victimario disfraza su toma de poder de corte fundacional y hace de la violencia (brutal e institucional) un instrumento de fanatización del orden que opera como molde disciplinario de una verdad obligada.” El orden como discurso de identidad y de clasificación axiológica de carácter inalterable que ‘garantizaba’ (o intentaba garantizar) la pureza*, homogeneidad* y transparencia*.

“El polo victimado aprende traumáticamente a disputarle sentidos al habla oficial, hasta lograr rearticular las voces disidentes en microcircuitos alternativos que impugnan el formato reglamentario de una significación única”.  Hecho que genera una polarización del quehacer cultural “severamente regido por la división ético-política entre campo oficial [modernización-represión]  y campo no oficial [rechazo dictatorial].” Primero se tiende a un reduccionismo y la polarización de estas esferas sin considerar los movimientos que oscilaban entre uno y otro polo.  

El arte y la literatura en los primeros años del golpe militar fueron los espacios de comunicación de la política (acción) y lo político (discurso), primero desde la clandestinidad, luego hasta espacios más públicos y frontales marcando un tránsito de cultura contestataria a una cultura alternativa. La primera concebida como “mera prolongación de la derrota y rito de sobrevivencia en tono a la re-afirmación de lo negado, a una cultura capaz de hacerse portadora de nuevas formas y estilos de discursos que apuntaran hacia más complejas diferencialidades del sentido”. A medida que los otros espacios silenciados adquieren progresivamente voz ‘político-social’  la cultura y el arte ‘regresan’ a sus esferas específicas, pero la izquierda retoma esa cultura antidictatorial hasta las últimas luchas por la democracia. La izquierda chilena se bifurca principalmente en una fracción marxista-leninista (clásica o tradicional) y otra marcada por el “componente de renovación socialista” (la izquierda renovada). Esta bifurcación caracteriza dos reflexiones políticas, estéticas y culturales, por lo que los medios y las formas de expresión serán diferentes.

La izquierda tradicional ubicaba la cultura “en relación de subordinación instrumental a la política como un ‘frente de lucha’ puesto al servicio de las correlaciones de fuerzas que armaban la coyuntura nacional del avance partidario. Esta fracción seguía alzando a la clase obrera como los únicos portadores de la verdad revolucionaria de lo ‘nacional-popular’ como símbolo antiimperialista. Esta izquierda recurría a la consigna popular del llamado nacional  y la convocatoria masiva de las instituciones culturales. Además veía en la Historia una trascendencia redentora.

La renovada ‘criticaba el reduccionismo de la izquierda tradicional y proyectaba una visión antropológico-social de la cultura que la privilegiaba como el espacio mucho más difuso <<de las mediaciones, de la pugna en torno a los sentidos, de la constitución de las identidades, de la circulación de conocimientos,  de la modelación de las percepciones, […] de la constitución social de la realidad>>. Esta fracción trabajaba su proyecto de renovación socialista bajo la conducción intelectual de las ciencias sociales a la luz de autores como Gramsci, Williams, Foucault, Bourdieu, etc. Estos intelectuales de la renovada izquierda publicaban sus análisis políticos como material académico internacional.

Para la cultura militante el arte debía ser testimonio de rechazo y denuncia, (protestarario y concientizador).

 

La ‘nueva escena’ (1977) de corte neovanguardista reconstruye y parodia la emotividad referencial de la cultura militante inédita. Por su rigurosidad, nivel crítico y su radical desmontaje de las nociones institucionales de la representación, favorecía el quebrantamiento del sistema represivo. Ésta nueva tendencia jugaba “antihistoricistamente a que los signos estallaran en lo efímero de una poética del acontecimiento”, una especia de poética del estallido histórico y la discontinuidad temporal. El sujeto de la nueva escena era “el no-sujeto, el sujeto en crisis reconstruido, fragmentado en múltiples pulsaciones”. Intentan crear una reformulación de signos nutrida por la crítica de las representaciones. Debido precisamente a este rigor crítico reconstructivo, la izquierda tradicional relega a la ‘nueva escena’ a los márgenes socio-políticos, sin embargo, esta nueva esfera cultural genera el desarrollo de otros movimientos socio-culturales en el ambiente chileno.

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La posmodernidad o una cuestión de actitud: García Canclini

García Canclini comienza presentándonos una problematización entre el devenir de la tradición por un lado, y la ‘entrada’ de la modernidad por el otro. Así mismo, establece tres hipótesis de su texto:

 

1). “La incertidumbre acerca del sentido y el valor de la modernidad deriva no solo de lo que separa a naciones, etnias y clases, sino de los cruces socioculturales en que lo tradicional y lo moderno se mezclan.”

De esta primera hipótesis queremos destacar la importancia del sentido de incertidumbre  como un principio fundamental del pensamiento posmoderno. Los constructos ‘tradicionales’, las demarcaciones y fronteras en torno a lo cultural como un todo socio-histórico sufren de un proceso de ambigüedad. Dichas polarizaciones, dicotomías o conceptualizaciones antitéticas  participan las unas de las otras, resignificándose mediante procesos de oscilación. Las dialécticas entre los elementos culturales son los procesos que Canclini propone estudiar bajo el concepto de hibridación. Dicho concepto se formula como una especie de inclusión y extensión de los conceptos de ‘mestizaje’ (que para Canclini remite a un proceso racial) y ‘sincretismo’ (que alude a lo religioso-simbólico-tradicional). La Hibridación “abarca diversas mezclas interculturales”, es decir, incluye un rango más amplio de los elementos culturales. Así Canclini propone que “no funciona la oposición abrupta entre lo tradicional y lo moderno, tampoco lo culto, lo popular y lo masivo”. La hipótesis segunda considera la posibilidad del estudio interdisciplinario de dichas partes: “la historia del arte y la literatura que se ocupa de lo ‘culto’; el folclor y la antropología, consagrados a lo popular; los trabajos sobre comunicación, especializados en la cultura masiva”. Y precisamente mediante esta colaboración es que se puede generar otra aproximación a la “modernización latinoamericana”. La tercera hipótesis propone que “la mirada transdisciplinaria sobre los circuitos híbridos tiene consecuencias que desbordan la investigación cultural”. Es decir, mediante el análisis interdisciplinario de los elementos culturales se pueden explicar procesos políticos y socio-históricos.

*  *  *

Deseamos destacar y detenernos en la conceptualización que Canclini hace de la posmodernidad:

“la posmodernidad no como una etapa o tendencia que reemplazaría el mundo moderno, sino como una manera de problematizar los vínculos equívocos que éste armó con las tradiciones que quiso excluir o superar para constituirse. La relativización posmoderna de que  todo fundamentalismo o evolucionismo facilita revisar la separación entre lo culto y lo popular y lo masivo sobre lo que aún simula asentarse la modernidad, elaborar un pensamiento más abierto para abarcar las interacciones e integraciones entre los niveles, géneros y formas de la sensibilidad colectiva”

La posmodernidad vista como una actitud (‘espíritu’ dirían los románticos) crítica de relativización, apertura y cuestionamiento, más que como una serie de producciones o elaboraciones concretas. Dichos productos serían una consecuencia y no una causa y para comprender (o siendo posmodernos, intentar comprender) es necesario comenzar por las causas.

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Alteridades culturales internas: Modernización y Centralismo

Barbero en la tercera parte de De los medios a las mediaciones, “Modernidad y massmediación en América Latina” hace un recorrido histórico para exponer los factores para el establecimiento de las formas de vida modernas en los países de Latinoamérica en la primera mitad del siglo XX. Primero comienza analizado el surgimiento de un “nacionalismo nuevo basado en la idea de una cultura nacional, que sería la síntesis de la particularidad cultural y la generalidad política, de la que las diferentes culturales étnicas o regionales serían expresiones. La nación incorpora al pueblo transformando la multiplicidad de deseos de las diversas culturas en un único deseo, el de participar del sentimiento nacional”. Es decir, la cultura nacional es un proceso de selección y concentración de aquello que hace única (si es que es posible dicha pretensión…) una cultura enmarcada en ciertos límites geopolíticos. Además vemos que no hay un proceso de fusión “natural” sino de incorporación conciente (y determinado por factores socio-económicos, socio-políticos y socio-históricos). Finalmente dicha ‘cultura nacional’ se basa en un proceso de homogeneización al enfocar los  deseos particulares, regionales, étnicos, raciales, etc., en un mismo proyecto: la nación. Entonces el proyecto de nación se basa (como Renán expuso en su conferencia “¿Qué es una nación?” y luego retoma Anderson en “Comunidades Imaginadas”) precisamente en el olvido: “superar las fragmentaciones que originaron las luchas regionales o federales en el siglo XIX”, es decir las guerras fratricidas. Además se expone lo que para Barbero fue el procesos de modernización (otro mito político): “En el conjunto de América Latina la idea de modernización que orientó los cambios, y que llenó de contendido los nacionalismos, fue más un movimiento de adaptación, económica y cultural, que de profundización de la independencia”. Hecho que en sí problematiza el sentido de autonomía no solo cultural sino político-económica, pues “[s]e quería ser Nación para lograr al fin una identidad*, pero la consecución de esa identidad implicaba su traducción al discurso modernizador de los países hegemónicos, pues sólo en términos de ese discurso el esfuerzo y los logros eran evaluables y validados como tales”. Nuevamente vemos que los procesos culturales (y políticos, sociales, históricos, sociológicos, etc.) giran en torno a parámetros ajenos, extranjeros, impuestos y extraños a las dinámicas sociales latinoamericanas.  Siguiendo la ruta que Barbero traza, nos encontramos que el proceso de modernización además significó el proceso de centralización de estos países. Hecho que tiene varias repercusiones en lo cultural, pues ahora los centros (las capitales) serán los herederos del capital cultural y la cultura nacional, aún y cuando en teoría intente reunir las manifestaciones regionales, será la que determine LO nacional, pues lo ‘otro’ estará en función de dicha cultura central-hegemónica. Fenómeno  que establece una serie de fronteras culturales internas, culturas periféricas, ‘pseudoculturas disidentes’, culturas separatistas, etc., debido a un proceso de alteridad cultural interno.

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Literatura Hispanoamericana o cuestión de preposición-(alidad )

 

Cornejo Polar comienza estableciendo desde el inicio de su texto su concepción de la literatura hispanoamericana de las últimas décadas, como un producto nacido de conflictos socio-históricos.  Nuevamente nos encontramos ante una aproximación a cierto tipo de literatura hispanoamericana que a su vez sugiere a la prosa como antonomasia de dicha literatura, pues lo socio-histórico, el contar, el problematizar, teorizar, polemizar etc., se presenta de forma más diáfana en la prosa antes que en la lírica (a pesar de que reconocemos que hay poesía social, ‘negra,’indigenista, etc., sin lugar a duda los cánones literarios trascendentes de lo socio-histórico se dan principalmente en novela y en cuento. Es decir, los otros géneros tendrán relevancia en la medida que atiendan, cuenten, defiendan, narren, etc., estos motivos literarios).  Los tres procesos socio históricos de Cornejos son:

1). El cambio vía la revolución de los 60’s que nuevamente dada las imágenes que usa nos hace pensar en una revolución proletaria o en general un movimiento que atienda a  las masas*: “…y las plazas parecían ser nuestras y nuestros el poder, la voz y la capacidad de inventar el amor y la solidaridad de nuevo”, es decir, el nosotros es una forma de autentificar al pueblo en pugna socio-histórica en torno a ideales socio-políticos. La literatura es la “nueva narrativa”, la poesía  conversacional (NO la subjetivo-intimista, o metafísica o experimental existencialista, etc…), el teatro de creación colectiva (de nuevo la nota social y el drama supeditado a un discurso ideológico masificador, igualitario [en teoría] y conciliador entre los miembros de una sociedad… ¿una forma de borrar las fronteras de la clase? el teatro pedagógico).   

2). La de la identidad, nacional-latinoamericana como una forma defensiva y forma de unión entre los pueblos latinoamericanos para mostrar “lo propio de nuestra América”. Sin embargo, ¿unión y defensa  ante quién? ¿De nuevo las sombras del tigre de adentro y el de afuera? ¿De los gigantes de siete leguas de Martí? Es ilustrativo además que establezca al “Río Bravo” como el punto de encuentro entre este grupo o intento de confederación como una forma de implicitar* al otro anglosajón, al otro imperialista, capitalista, explotador [¿?]…

3). La de la reivindicación de la heteróclita pluralidad, la revalorización de las literaturas étnicas, marginales y el afinamiento crítico.

                                                *          *          *          *

Sin embargo, ¿qué hay del resto de la literatura hispanoamericana que no atiende lo socio-histórico?

Además ¿qué se entiende específicamente por socio-histórico? ¿Qué fenómenos sociales son de los que se habla? ¿Cuál es la lectura que se está haciendo de la Historia y sobre todo qué época histórica?

¿La literatura hispanoamericana es la  que habla sobre Hispanoamérica? ¿La que se hace en Hispanoamérica? ¿La que es hecha por hispanoamericanos? ¿La que se dirige a hispanoamericanos? ¿O aquélla que conjuga todos estos elementos?

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Ángel Rama o la transnominación literaria I

 

(A short close reding exercise…)

Rama en “Transculturación narrativa en América Latina” plantea, entre otras cosas, un proceso muy interesante de transnominación entre los conceptos cultura y Literatura:

“Las obras literarias no están afuera de las culturas sino que las coronan y en la medida en que estas culturas son invenciones seculares y multitudinarias hacen del escritor un productor que trabaja con las obras de innumerables hombres. Un compilador […] El genial tejedor, en el vasto taller histórico de la  sociedad americana”. 

De la cita anterior se desprenden varias líneas interpretativas. La primera responde al concepto de ‘cultura’ como invención secular. ‘Invención’ sugiere varias posibilidades, como el de la creación, un producto que se elabora con cierto grado de conciencia. La invención nunca es inconciente, de serlo estaríamos ante una casualidad; tampoco es natural, de serlo sería un descubrimiento o un ‘nacimiento’. Pongamos un ejemplo de la Física, la Ley de la gravitación universal NO es una invención, sino un descubrimiento. Newton hace un reconocimiento de un fenómeno que no depende en lo absoluto de él, por lo tanto no inventa (la gravedad ES natural) sino que descubre. Por el otro lado, tenemos a Edison que tampoco inventa la electricidad (fenómeno físico), pero que sí inventa el foco, es decir, lo crea. En este sentido vemos que la cultura al ser considerada como invención, necesariamente requiere de un sustrato natural-orgánico que sirve como principio generador del constructo cultural. Por ejemplo, la geografía es el sustrato natural, pero las divisiones geográficas son el constructo o la invención, y la cultura aún cuando se nutre de ambas, necesariamente requiere de la interpretación o la ‘invención’ de la segunda sobre la  primera. A su vez ‘invención’ también remite a la idea de novedad, inventar es innovar. Siguiendo el ejemplo de Edison podemos cuestionar su paternidad sobre el concepto de electricidad (que ya existía en Grecia y en otras civilizaciones antiguas), sin embargo, no podemos cuestionar la paternidad del foco(1). Es decir, inventar ES apropiarse de lo que ya existe mediante la creación, un proceso de autentificación y de ejecución. La cultura al ser invención ES autonomía por sobre las fuerzas y los fenómenos de los cuales se nutre.

‘Seculares’ al menos tiene dos grandes implicaciones, la temporal y la independentista, que ambas se complementan. Por un lado la cultura es una invención que se da en un tiempo determinado, pues ya hemos establecido su cualidad de constructo (no podemos rastrear con facilidad el desarrollo histórico del concepto de electricidad, pero sí podemos establecer un tiempo exacto de la presentación del invento 1879 y un tiempo aproximado de la  gestación de éste, unos diez años de experimentación, en otras palabras podemos ubicar temporalmente los productos culturales, Literatura por ejemplo [para apegarnos a nuestra cita de Rama], mas es casi imposible establecer el desarrollo de las fuerzas naturales-históricas* que las generaron [Los de Abajo se publica en 1916, pero las fuerzas históricas que generan la Revolución Mexicana son casi imposibles de determinar debido al propio devenir histórico]). Y a la vez ‘secular’ implica una ruptura (no solo clerical en el sentido estricto de la palabra), una independencia de las fuerzas, raíces*, antecedentes, etc., pues ‘secular’ abarca la dualidad siglo y anticlerical.

‘Multitudinarias’…

(1) Aún y cuando ahora sabemos que Edison no fue el primero en presentar el foco, sino  Humphry Davy  utilizo la figura de Edison para ejemplificar que el proceso de la autoría es menos controversial que el del perfeccionamiento y utilización del descubrimiento de la electricidad. Para fines puristas solo cámbiese en el texto Edison por Davy.

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